domingo, 24 de abril de 2016

El reloj solar de Bazán

De guarisnais
Publicado el La Voz de Galicia, edición Ferrol, el 24 de abril de 2016

Esta semana descubrí un objeto mágico. En una fotografía antigua que llegó a mi muro de facebook se ve un reloj solar en la fachada de un pequeño edificio de Bazán. Un reloj solar extraordinario, grande, que contaba con una leyenda justo encima del gnomon. La frase, habitual en este tipo de instrumentos, decía “Vulnerant Omnes, Ultima Necat” que significa “todas hieren, la última mata”, refiriéndose al lento e implacable paso de las horas. Según pude saber el edificio era el taller de carpinteros de gradas y la fotografía está fechada en 1944. Ahora, me indican, el reloj solar ya no está. Tampoco está el reloj solar que había en el pabellón de oficiales del castillo de San Felipe. Fue hacer la obra de rehabilitación y desaparecer el reloj solar, todo a la vez. Y es que Ferrol nunca trató bien a los relojes de sol y eso le pasó factura.

Ferrol no necesita un reloj atómico. Ni tampoco esos ultramodernos relojes que se sincronizan por radio con los de los Observatorios Astronómicos. Si me apuran, tampoco necesitaría tener relojes en los campanarios de las iglesias ni en los edificios oficiales. Porque en Ferrol, es de sobra conocido, el tiempo no se mide en horas, minutos y segundos. Ni en días, semanas y meses. El tiempo, especialmente el tiempo oficial, el público-político, por el que se rigen las obras, los proyectos y el devenir de la ciudad, se mide en legislaturas, o por el cambio de alcaldes. Destrozar una plaza: cuatro legislaturas; sanear la ría: cinco legislaturas. Y así. Para eso, estarán de acuerdo conmigo, ya teníamos suficiente con los disparos de cañón y el izado y arriado de banderas. Yo creo, y no me equivoco, que nos iría mejor medir el tiempo con relojes solares instalados en todas las plazas.

Sería una buena idea, a ver qué les parece, invitar a todos los políticos a un paseo por Cedeira, ahora que se avecina una nueva campaña electoral. En Cedeira, la preciosa villa donde da la vuelta el aire, el sabio Bustabad instaló el grupo escultórico “Prismas solares”. Varias columnas de granito de diferentes alturas, marcas para los solsticios y equinoccios, calendarios y un reloj solar esférico que marca la hora desde el orto hasta el ocaso. Una maravilla instalada a unos pocos metros del mar, dónde sino. La “gente de la política” como la llama el exalcalde Couce, podría recibir una lección acerca de que las cosas deben tener un principio y un final. Que nada puede ser provisional y permanente al mismo tiempo. Y que los vecinos se cansan de esperar que el Sol les ilumine -a los políticos, digo- y se lleve con él tanta ineficiencia, desinterés, apatía e ineptitud. La lección sería gratis. Se la daría el reloj de sol.

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