viernes, 15 de diciembre de 2017

A velocidad de crucero

Gentes de trato
Publicado en un A fondo sobre venta de vehículos. La Voz de Galicia, 15 de diciembre de 2017

Un axioma comúnmente aceptado en el mundo empresarial era aquel que afirmaba que la economía iba bien si aumentaban las incorporaciones de ingenieros y personal técnico a las industrias y si crecían las ventas de coches. No le falta razón. En el caso de la venta de vehículos nuevos España presenta en el año en curso una posición destacada. Estamos entre los diez países donde más coches se han matriculado, dentro de la lista de los 35 más importantes del mundo. Se considera como indicador más relevante el número de matriculaciones por cada mil habitantes, siendo en noviembre de 2017 de 31,31 cuando el dato acumulado a diciembre 2016 era de 28,96 vehículos. Este dato, se afirma en la patronal del sector, “es muy positivo y demuestra la mejora de la confianza de los ciudadanos en la economía del país”. Es especialmente relevante, dentro de este crecimiento en ventas, las que se están produciendo en los vehículos particulares. Los eléctricos e híbridos han subido un 65% en noviembre, si bien es verdad que partimos de un número de unidades todavía muy bajo.

Al incremento de la confianza de los compradores hemos de sumar otras dos variables. Un porcentaje muy elevado de las nuevas unidades han tenido altos porcentajes de descuentos en sus precios. Por otro lado, el flujo de crédito continúa aumentando y mejoraron notablemente las condiciones de financiación. Falta, ahora, que este cóctel promocional alcance también a los vehículos industriales, comerciales y autobuses, que prácticamente no han aumentado sus ventas en los últimos meses. Cuando se produzca, probablemente a lo largo de 2018, contribuirá al rejuvenecimiento del parque móvil español y la puesta en circulación de unidades menos contaminantes. El consumo interno y la industria lo agradecerán, pero también será positivo para la movilidad en las grandes ciudades, la calidad del aire y la salud de todos.

domingo, 3 de diciembre de 2017

La Malata

De guarisnais
Publicado en La Voz de Galcia, edición Ferrol, el 3 de diciembre de 2017

La ensenada de La Malata es uno de esos lugares que nació con vocación de ser un paraíso pero no le dejaron. Una ensenada dentro de una ría, con fondos fértiles y aguas claras que, al ritmo de las mareas, se renuevan mansamente cuando quiere la Luna. Eso sería lo que se encontraron los benedictinos que fundaron el Priorato de la Cabana. De las tranquilas aguas de la ría extraían los mejores pescados y mariscos, decían, caza en los montes cercanos y excelentes productos de la huerta, así como los cereales necesarios. En frente veían las murallas de Ferrol con el imponente baluarte de Canido capaz de defender la plaza con garantías. No olvidemos que la ensenada de La Malata pertenecía al Ayuntamiento de Serantes, al igual que La Graña y toda la zona rural y costera.

De aquellas aguas limpias ricas en pescados y mariscos solo quedan las crónicas. La Malata es, probablemente, el rincón de Ferrol que más transformaciones ha sufrido en el siglo XX. Los terrenos fértiles de la desembocadura del río de la Sardina se cambiaron por una zona industrial. La Peninsular Maderera permitía ver a los hábiles pertigueros navegando encima de grandes troncos de árboles de Guinea hasta introducirlos en sus instalaciones. Hoy están ocupados por zonas deportivas y el campo de fútbol municipal. A su lado se levantó el recinto ferial más importante del noroeste de España. Las Ferias de Muestras crecieron y crecieron… hasta desaparecer. Tal vez murieron de éxito o tal vez no supieron actualizarse. El recinto ferial ocupa un espacio enorme, tan grande como la falta de expectativas que se atisban en su futuro. En esta banda de la ensenada, al pie del baluarte, se creó en su día una playa urbana, pequeña, servicial. Copacabana permitió la diversión de varias generaciones de niños y mayores, sobre todo los días de semana en aquellos veranos en los que se reservaban los sábados y domingos para ir a una playa de las grandes, de las de mar abierto. Su espacio linda ahora con miles de metros cúbicos de muelles sobre los que volverá a circular el tren que cruzará la Malata, para adentrarse en el túnel que bajo los montes de Brión le permitirá llegar al puerto de Caneliñas.

Los muelles, un puente, el paseo marítimo destartalado, un recinto ferial sin ferias, los restos de las murallas de la ciudad y varios edificios (poco afortunados) en primera línea de costa, se suman al increíble y desolador panorama de la contaminación y los vertidos sin depurar que inundan La Malata de fangos contaminados, aguas sucias y olores nauseabundos. No queda nada del paraíso natural; sólo un ingente trabajo para recuperar la ensenada y no seguir destruyendo uno de los brazos de mar que vio nacer a las Villas de Ferrol y La Graña.

domingo, 26 de noviembre de 2017

Calle María, 136

De guarisnais
Publicado en La Voz de Galicia, edición Ferrol, el 26 de noviembre de 2017

No hace mucho tiempo, un domingo por la tarde, estaba tomando café en una terraza de la calle Real. Estaba solo, en la terraza, en la calle y en el barrio de la Magdalena. Un hombre y una mujer me preguntaron por la casa donde había nacido Franco. Les indiqué donde estaba la casa pero informándoles de que la encontrarían cerrada, que no podía visitarse porque no era un museo. Nada, nada, no se preocupe usted, sólo queremos verla, me dijo el señor, y comenzó a andar hacia la calle María. Cuando había dado unos pocos pasos volvió sonriente hacia mí, para decirme balbuceando, “no, si no es por nada especial, eh?”. Naturalmente. Yo también me reí.

Desde entonces, y por primera vez desde 1975, compruebo la reiterada tozudez con la que una parte de la sociedad española -particularmente de la nueva gente política- trata asuntos como el guerracivilismo, el franquismo y el régimen del 78. Los artífices del fracasado golpe de Estado soberanista vivido en Cataluña atribuyen su fracaso a que el Estado español actuó ejecutando un golpe de Estado hacia Cataluña desde Madrid, bajo la argucia del artículo 155 de la Constitución. Los líderes de los grupos independentistas, antisistema, separatistas, soberanistas y otros afines que les apoyan, acuden a los medios de comunicación a proclamar que en España persiste un régimen franquista, fascista, sin separación de poderes, sin garantías jurídicas, sin respeto a las libertades, que desprecia los Derechos Humanos, maltrata a los detenidos y encarcela a políticos por sus ideas o por votar. Nosotros, afirman los independentistas, hemos de luchar no por la independencia, sino por la Democracia.

Si no fuese un asunto de esta trascendencia, el más grave acontecido en toda la etapa democrática, diría que me hizo bastante gracia el tuit del escritor y periodista Ignacio Torreblanca en el que se adjuntaba el certificado de defunción de Franco. Iba dirigido al fugado Carlos Puigdemont, probablemente el político que más daño le ha hecho a la imagen de Cataluña y España desde la transición. Y miren ustedes que en nuestro país hemos tenido -y tenemos- una buena colección de políticos infames. Desde Ferrol, ciudad en la que nacieron Franco y Pablo Iglesias, Concepción Arenal, Canalejas y Alonso López, me sumo a Torreblanca para afirmar, sin ningún género de dudas, que Franco ha muerto. Lo sé porque lo leí en una de las placas colocadas en su casa natal, calle María nº 136, lo que me tranquilizó. Y lo sé también porque los que formamos parte del régimen del 78 comprobamos como esta democracia imperfecta permite que cualquier ciudadano español, por muy inconsciente e irresponsable que sea, puede alcanzar la condición de representante político.


domingo, 12 de noviembre de 2017

Derecho a decidir...lo que sea

De guarisnais
Publicado en La Voz de Galicia, edición Ferrol, el 12 de noviembre de 2017

La comunicación, particularmente el uso del lenguaje, tiene estas cosas. Cuando se simplifica de forma exagerada -e intencionada- se puede convertir fácilmente una frase en un eslogan. España nos roba, sólo queremos votar, las urnas contra las porras, esto es un golpe de Estado…y otros similares, son ejemplos de mensajes cortos a los que se les sustrae buena parte de su sentido. Da igual que sean verdad o no. Lo importante es que suenen bien dentro de su contexto, que sean fácilmente repetibles y memorizables. Uno de los que tienen más éxito es el del derecho a decidir. Es un eslogan imbatible. Nadie, en su sano juicio, quiere que se le recorten derechos. Y todos queremos decidir. No queremos que otros decidan por nosotros. Sólo queda repetirlo hasta la saciedad sin más explicaciones. Ni quienes son los titulares del derecho ni sobre qué asunto o asuntos hay que decidir ni sobre cuáles son los costes y las consecuencias de la posible decisión.

El derecho a decidir se ha instalado en el argumentario de determinados colectivos. Algunos clásicos, como la burguesía más pudiente: siempre quieren decidir (y separarse) los que más tienen, aunque esa bonanza haya sido pagada con los impuestos de todos. Otros más recientes, como los antisistema, opuestos a las lógicas de los Estados modernos pero, curiosamente, firmes partidarios de crear otros Estados nuevos, en aras de su identidad, su idioma, su tergiversada historia e, incluso, de su código genético. Y unos terceros, los de la nueva política, que suelen ser partidarios de un discurso opositor que les ayude a encontrar su ideario, algo que todavía no han tenido tiempo de conformar.

Por nuestras calles rectilíneas se oye, de vez en cuando, la reivindicación del derecho a decidir. Así, en general. Bien podrían sustanciarla en algo más concreto, más local, para ver si estamos de acuerdo o no. Por ejemplo, los ferrolanos queremos tener el derecho a decidir si construimos de nuevo la muralla de la ciudad, con sus seis puertas de acceso. Los vecinos del antiguo ayuntamiento de Serantes quieren decidir si vuelven a recuperar su independencia municipal. O un colectivo nostálgico quiere celebrar un referéndum para que Ferrol vuelva a ser una villa en manos del Condado de Lemos y no en las de la corona borbónica.

He de confesarles que cuando llego a absurdos de este calibre acudo a refugiarme en los grandes pensadores. Santos Juliá, ferrolano del 40, nos recuerda lo importante que es eso de la lealtad y la solidaridad en lugar de “la construcción de identidades diferenciadas, remontando la diferencia a una forja de los antepasados perdidos en las brumas de los tiempos”. Leamos al sabio historiador ferrolano.

domingo, 5 de noviembre de 2017

La calceta municipal

De guarisnais
Publicado en La Voz de Galicia, edición Ferrol, el 5 de noviembre de 2017

Pues que quieren que les diga, a mi me parece una gran noticia esta de que en el palacio municipal se haga calceta. Aunque sea simplemente para aprovechar el tiempo, motivo que expresan las tres jefas de servicio cesadas recientemente por el alcalde Suárez. El propio Suárez, adalid de la nueva política de las Mareas y los Comunes, había nombrado a tres altas funcionarias a unos puestos de un modo irregular e ilegal, como dicen las sentencias, y ahora las ha tenido que cesar. Cosas de la transparencia, cumplir con los procedimientos establecidos, respetar la legislación y menudencias similares. El caso es que las funcionarias ahora no tienen ni su trabajo anterior ni, obviamente, el nuevo del que fueron cesadas. Su manera de protestar en lugar de quedarse de brazos cruzados es ponerlos en movimiento y hacer calceta, eso sí, sentadas delante de la puerta del despacho del señor alcalde.

Ferrol, a través de esta nueva actividad de la calceta municipal, puede volver a hacer historia. La calceta es un arte que está muy de moda. Tanto que los mayores followers del do it yourself lo denominan hacer knitting. Pero bueno, nosotros lo dejaremos en hacer calceta, por muy modernos que sean los diseños y aunque las agujas sean de bambú en lugar de las metálicas de toda la vida. Hay cafés en los que se hace calceta, talleres y knitting parties (fiestas de calceta). Hay concursos de diseños calcetados. También clases de calceta que sustituyen al yoga de tan relajantes como son. Y tertulias, porque el arte de calcetar sosiega los espíritus, apacigua los ánimos e invita al diálogo, a la conversación, a la socialización entre todo tipo de practicantes: jóvenes y mayores, hombres y mujeres.

Lo que no había hasta ahora -y ahí debemos hacernos fuertes- era una quedada para hacer calceta municipal. Las tres funcionarias, a las que hay que agradecer su arte y su compromiso, bien podrían dedicar sus conocimientos a enseñar calceta a los representantes políticos. Los plenos ya no serían foros de desencuentros, ni de trifulcas, ni el alcalde Suárez podría calificarlos como plenos de la marmota. Pasarían a ser los plenos de la calceta y el fruto de tanto darle a las agujas y la lana podría dedicarse a mejorar la calidad de vida de los vecinos que lo solicitasen. ¿Hay alguna tarea más noble para un político? Pues eso, olvídense de los presupuestos y dedíquense a la actividad de moda: la calceta. Las tres funcionarias cesadas no podrán ser acusadas de vagancia e improductividad. La corporación municipal no tendrá que dedicar sus energías a conocer la ley y los procedimientos administrativos. Ni la relación de puestos de trabajo vigente. Y Ferrol estará, una vez más, en boca de todos.

domingo, 29 de octubre de 2017

El bosque ideal

De guarisnais
Publicado en La Voz de Galicia, edición Ferrol, el 29 de octubre de 2017

En el parque de Castrelos de Vigo hay dos eucaliptos enormes. En una placa se lee que fueron plantados con las semillas que trajo de Australia fray Rosendo Salvado allá por 1850. Hay otros dos ejemplares en Tuy, lugar de nacimiento de este misionero benedictino. También se le atribuye un inmenso eucalipto de la alameda de Santiago al que dan vueltas las parejas de enamorados. No sabemos si darían para tanto las semillas australianas pero sí que los eucaliptos llevan entre nosotros más de ciento cincuenta años. 

El benedictino Rosendo Salvado jamás hubiera imaginado que los eucaliptos (y las acacias mimosas que también trajo en su equipaje) llegarían a ocupar los cientos de miles de hectáreas que ahora ocupan en Galicia. A mediados del siglo XIX y principios del XX, de los bosques gallegos (las carballeiras) salían robles para la construcción naval, las traviesas de las vías del tren, fábricas de muebles y todo tipo de usos industriales. Nuestros paisajes se dibujaron cada vez con menos robles, castaños, nogales, hayas y cerezos, y en su lugar se plantaron eucaliptos, acacias y pinos. Esta tendencia continúa.

Fray Rosendo Salvado no le prendió fuego al monte, la cola del huracán Ophelia tampoco y el fiscal nos dice que no ve por ninguna parte la trama de terrorismo incendiario a la que apuntan los políticos de la Xunta. En los días siguientes a las olas de incendios surgen hipótesis y causas probables por todas partes, que más tarde quedan sustanciadas en lo de siempre: quemas imprudentes, venganzas, vecinos de la zona ya conocidos por todos. “Ahora que Fulano morreu xa sabemos que o ano que ven non arderá o monte”, se dijo en el entierro de un vecino muy popular.

Los ingenieros y biólogos están de acuerdo en que el bosque ideal es aquel que tiene valor. Para las industrias del papel las extensiones de eucaliptos de su propiedad no arderán porque tienen valor y están cuidadas. Para los ganaderos de la Serra da Capelada sus pinares tienen mucho valor porque alimentan y dan cobijo a sus caballos. Los olivares en Quiroga para los aceiteros y los soutos de castañas en el macizo central ourensano son otros ejemplos. El bosque ideal es el que aprovecha a sus propietarios. En Galicia eso se traducía en maderas de calidad, leña, nueces, castañas, setas, cerezas y aceitunas.

Al bosque ideal de O Courel le cantaba Uxío Novoneyra; doña Emilia Pardo Bazán a las fragas de Catasós en Los pazos de Ulloa. César Antonio Molina a las fragas do Eume y Wenceslao Fernández Flórez a la fraga de Cecebre en El bosque animado. Cada uno de nosotros tenemos un bosque ideal como los de los Ancares, el Xurés o la Ribeira Sacra. Pero es muy probable que nadie esté pensando en un eucaliptal.